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Reflexiones sobre el presente futbolístico de Universidad de Chile tras la clasificación de Chile al Mundial de Sudáfrica 2010.
Cuando toda la nación azul aún disfruta la clasificación de la Roja al Mundial de Sudáfrica, es difícil escuchar cosas que no sean sólo lugares comunes. Que la patria, que la garra, que los huevos, que San Bielsa... ¡que vamos a ganar la Copa del Mundo! Increíble. Pero para suerte de la cordura, el cable a tierra siempre llega desde la misma banca ganadora. Marcelo Bielsa demuestra que sí se puede cerrar la puerta a los intrusos, a los que buscan farandulizar todo lo que se mueve, a esos que siembran de pesimismo el continente de los bipolares, donde somos "los mejores del planeta" en la gloria y candidatos a la horca en la derrota. Con el argentino sólo se habla de fútbol y la lección es gigante. Jugar al ataque y mantener el ritmo sí es posible, y para ello no es necesario buscar un biotipo ajeno a nuestra realidad, que el mismo jugador chileno de patas flacas cuidando su cuerpo, no comiendo McDonalds y, por sobretodo, trabajando lo táctico hasta el cansancio, es capaz de fortalecer no sólo las extremidades, sino que de paso su cabeza, algo fundamental para afrontar desafíos en los que habitualmente nos desinflamos.
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